Motivación de un alma
Cómo surgió Alma de tinta y papel
Y aquí me encuentro, probablemente —y muy seguramente— hablándole a la nada pero hablándole con letras sinceras desde el fondo de mi corazón. El cómo surgió Alma de tinta y papel es algo que etiquetaría como "vergonzoso" y nada cursi ni profundo. Sin embargo, este blog es para contar cualquier tontería que se me venga a la cabeza, y cómo no, si está hecho para mostrarle al mundo lo que ésta mente —y dedos ya que escribo a computadora— pueden hacer.
La idea estaba dispersa —como cualquier novela que se me ocurre— entre mis pensamientos, como motas de polvo en el aire. En ese entonces yo estaba en la secundaria (sí, tenía dieciséis años cuando se me ocurrió ésta historia juvenil valga la redundancia), nunca fui de muchos amigos pero sí tenía varios en esa época. Y cómo toda historia/cuento/fanfic que he escrito, los cimientos de éstos se han formado y surgido gracias a cosas que me han pasado o gracias a series que veo (bueno no basándome en ellas porque se me puede ocurrir una historia viendo solamente un clip, por ejemplo). Recuerdo mucho a un chico que me gustaba (Dios, qué pena, matenme), de ahí que me inspirara en éste para crear a Ryan Gardner (Interés amoroso de la protagonista que, en parte, es una alegoría de mi misma).
Esos fueron los cimientos de la trama.
Pero no todo queda ahí, esperen. Mi imaginación es tan maravillosa (aunque no lo suficiente porque olvido cosas muy pronto, lo cual significa que tengo una mala memoria), que una noche tuve un sueño en el que había niebla y todo se veía blanco como cuando se te empañan los lentes. Ya, ustedes pensarán, ¡Qué va! ¡Qué aburrido! Pues sí, es muy aburrido y nada interesante pero la idea no estaba en las imágenes que proyectaban mis sueños. Estaba en los sentimientos que evocaba ese extraño paisaje: soledad, miedo, misterio...
Fue ahí cuando los pensamientos dejaron de estar dispersos y ahora eran un barco errante navegando en aguas turbias. Entonces tomé el timón y así comenzó la travesía que me llevaría a escribir Alma de tinta y papel.
Justo el día en el que la comencé emprendía un viaje que, aunque fue una mala decisión —que no estuvo en mis manos de todas formas— no lo cambiaría por memorias más felices, porque yo pienso que incluso de las situaciones más arduas y penosas se puede sacar algo bueno.
Sí, no es tan interesante pero igual quería contarlo.
Sin embargo, yo no sólo quería relatar un fanfic hosco y exagerado de mi vida. No señores, no era así (tal vez un poco al principio). Quería plasmar en él la pasión de un escritor que es escribir y moldear mundos, de crear a alguien y forjar su destino con palabras como si fuéramos dioses, de expresar y de hacer sentir sin quiera tocar. De cómo aquellas personas inexistentes se vuelven un pilar en tu vida, y que aunque son creaciones de la propia mente de uno te pueden enseñar lecciones valiosas (¿Han escuchado alguna vez a un escritor decir que sus personajes hacen lo que quieren cuando quieren? Pues es cierto, los malditos hacen lo que quieren). Y de cómo esas personas inexistentes pueden convertirse tus mejores amigos en medio de una tormenta que no parece tener fin. De eso trata Alma de tinta y papel, (bueno, más o menos).
También quería plasmar que no todas las personas son lo que parecen, que todos somos hermosos a los ojos de las personas correctas y que incluso la persona más burda puede tener algo bueno qué contar.
Sin más dilaciones, los invito a leer Alma de tinta papel y a sumergirse en un mundo donde la creatividad, los sentimientos y el amor no tienen límites

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